lunes, 11 de noviembre de 2013

Un viajero nunca se oxida

Así empezaba el relato Aurelio de 72 años, que se encontraba reposado en el baúl de su auto mientras invitaba a sentarme en una pequeña banqueta que lo acompaña desde hace mucho en sus días de pesca. — La idea de este viaje surge porque yo tuve una enfermedad, hace dos años me detectaron cáncer de próstata. Y yo no soy de ir a la misa, siempre la mandaba a mi mujer a que fuera a rezar por mí, pero ella insistía en que fuera yo. Así le prometí a la virgen que si salía a flote de ésta me iba a hacer un viajecito como el que estoy haciendo. El recorrido desde la largada en Olavarría hasta llegar a su objetivo en Luján, tiene aproximadamente 400 km. No sólo era eso, sino que ese trayecto lo iba a realizar por calle de tierra: él en bici y su nieto de 22 años por detrás en el auto.
—Esta promesa tiene que tener sacrificio, tiene que ser “tracción a sangre” me dije, por eso el autito viejo que tiene motor y cuatro ruedas, ¿para qué más?—Indicaba mientras palmeaba el vehículo a su costado— . Tranquilamente podría haberlo hecho con mi otro auto, pero le propuse a Agustín si él estaba dispuesto a conducir “El Monito” (así llamaba al Renault 4L) y a acompañarme, porque yo sólo no me animaba a venir, necesitaba apoyo ya que no soy un muchacho joven (risas). El trayecto se achicaba día tras día. Aurelio siempre afirmó que la vida es cortita y hay que vivirla, hay que pelearla y pasarla bien, hay que disfrutar. —A la tarde temprano del martes entramos en Roque Pérez. Pedimos permiso a algunos vecinos de la zona y acampamos en una de las calles, pero a última hora, cuando ya estábamos bien instalados, llegó una patrulla que nos solicitaron documentación y nos obligaron a retirarnos hacia otro lugar dónde podíamos pasar la noche. Los tiempos los manejábamos según el camino y los vientos. Gracias a Dios y la Virgen yo físicamente seguía muy bien. Luego de seis horas de bici (siempre por camino de tierra), paramos en un camping espectacular en Navarro... estábamos muy contentos por estar cerca de Lujan (aproximadamente a unos 65 km). El jueves salimos alrededor de las 10 hs por Ruta 47 y con el viento a favor llegamos a Luján tipo cuatro de la tarde. ¡No tengo ninguna duda de que la Virgen nos ayudó en todo el viaje! Tuvimos varios inconvenientes durante el viaje, no llevábamos crique en el auto y en la VTV me dijeron que las cubiertas no estaban útiles para circular. Uno de los días pasó que no quería arrancar de ninguna manera hasta que pasó un gaucho a caballo y nos ayudó. También perdí los anteojos que increíblemente los encontré en el camino de tierra luego de haber recorrido como 10 km. Ante la presencia de la virgen, Aurelio agradeció la posibilidad de poder cumplir su promesa y, sobre todo, haber vivido una semana muy intensa e inolvidable junto a su nieto. Así termina el relato de una de las tantas aventuras de un abuelo, jubilado ferroviario, que se divierte con sus nietas cuando lo disfrazan y le sacan fotos, que tiene amigos por todos lados y que le gusta reise de sí mismo para disfrutar a pleno la vida. Simplemente, un abuelo mimetizado con el espíritu de su joven nieto.

Mark Boyle explica cómo ha vivido un año sin dinero


Algunas personas (es decir, la mayoría de las personas) tienen problemas para llegar a fin de mes: la cultura del ahorro en América Latina no es una asignatura obligatoria y la ley parece ser que mientras más dinero tienes, más suben tus gastos. Por esto es especialmente asombrosa la historia del irlandés Mark Boyle (aka “No-Cash-Man”), quien hace siete años estaba a punto de graduarse de una carrera que lo preparaba para la administración y los negocios, ahora cumpla un año viviendo una vida sin dinero, pero disfrutándola al máximo. Mark tenía un gran trabajo: era administrador de una enorme compañía de comida orgánica, lo que le permitía darse incluso el lujo de tener su propio yate. Fue justamente a bordo de su barco, hablando con un amigo acerca de todo lo que está mal en el planeta, que empezaron a considerar la frase de Mahatma Gandhi, “sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Pensaron en todas las formas en que el consumo desenfrenado destruye no sólo nuestro planeta, sino también a las personas que viven en él. Él y su amigo se sentían de pronto “como dos pequeñas gotas en un océando altamente contaminado”. Luego de considerar asuntos como la destrucción del ambiente, la guerra y las fábricas de esclavos, sintieron la tentación de hacer algo contra el monstruo. “Estos asuntos no estaban tan relacionados como había pensado antes”, escribe Mark. “Tenían una causa común. Creo que el hecho de que ya no seamos capaces de ver las repercusiones directas que nuestras compras tienen en las personas, en el ambiente y en los animales es el factor que une todos estos problemas.” Pero ¿qué hacer contra la indiferencia? Para Mark, resultó claro que la herramienta que producía esta indiferencia era el dinero, así que se dedicó a analizar las maneras en las que podría seguir viviendo con cosas que disfruta, pero reduciendo la utilización de dinero no sólo al mínimo, sino hasta desaparecerlo del todo. Esto lo llevó a deshacerse de todo su dinero, inicialmente por un año “Hice una lista de todo lo básico que necesitaba para sobrevivir. Adoro la comida, así que eso era lo primordial. Hay cuatro patas en la mesa de la comida gratis: recolectar comida salvaje, cultivar, hacer trueques y utilizar comida desperdiciada, pero hay muchas otras formas.”


Lo siguiente en la lista era el alojamiento. Entró como voluntario en una granja orgánica la cual ayudó a renovar para que no dependiera de energía eléctrica. Aquí se dio cuenta de la importancia de no desperdiciar ningún recurso disponible. “Si cultiváramos nuestra propia comida, no desperdiciaríamos el 30% de ella.” “Usaba madera que cortaba o recogía para calentar mi humilde morada en un quemador hecho de un viejo bidón de gasolina, e hice composta humana a partir de mis desechos.” Además de eso, Mark se bañaba en un río, y para ir al baño utilizaba periódicos (actividades que bien podrían encontrarse en distintas poblaciones pobres alrededor del mundo). Para transportarse, Mark utilizó su bicicleta y para alumbrarse, velas hechas con cera de abeja. La historia de Mark no es el de un “anticapitalista” redomado, sino de alguien que, casi en un espíritu científico y de aventura, decide cuestionar radicalmente la forma en que vivimos actualmente. “Irónicamente, he encontrado que este año ha sido el más feliz de mi vida. Tengo más amigos en mi comunidad que nunca, no me he enfermado desde que empecé, y nunca he estado más en forma. He encontrado que la amistad, no el dinero, es la verdadera seguridad. Que la mayoría de la pobreza de occidente es espiritual, y que la independencia es realmente interdependencia.” ¿Algo que Mark extraña de su antigua vida como empresario? “El estrés. Los embotellamientos de tráfico. Los estados de cuenta bancarios. Las cuentas por pagar. Oh, claro, y tomar ocasionalmente una cerveza con mis amigos del local.” Esta historia nos recuerda a la de Benjamin Lesage, un joven francés que emprendió la misma ruta que Boyle y que cada vez más aventureros. Para conocer más de esta historia mira el documental Happy.

¿Qué significa vivir sin dinero? Efusivo testimonio de Benjamin Lesage

Un par de meses atrás dimos a conocer en Pijama Surf la noticia de una familia alemana que vive sin dinero y, por lo tanto, se ha convertido en uno de los ejemplos más icónicos de lo que sería vivir al margen del capitalismo, una existencia ajena a las cadenas de producción, consumo y desecho que más allá de sus implicaciones materiales o económicas, repercuten en el ánimo mismo del individuo y las sociedades, en sus patrones culturales y sus sistemas de valores, sus creencias, la idea que tiene de sus límites, la manera en que se relaciona con otros y la forma en que concibe el mundo. Dicha nota encontró un eco considerable entre nuestros lectores, sin saber que uno de estos sería precisamente un protagonista de dicha experiencia, un joven francés de 25 años de nombre Benjamin Lesage que se dirigió a nuestro correo electrónico para ofrecernos una estampa de lo que significa, en este tiempo, vivir sin dinero. Por supuesto accedimos a su petición y aunque con cierto retraso (una disculpa a Benjamin y a nuestros lectores por ello) ofrecemos ahora su testimonio, reproduciéndolo íntegro y, salvo por unas cuantas correcciones mínimas, tal y como llegó a nuestra dirección electrónica. Quizá, como el mismo Benjamin lo señala, la noticia de su experiencia aliente a otros no a seguir sus pasos ni el de sus compañeros de esta profunda aventura, sino a descubrir su propio y auténtico camino —indisociable de nuestro destino como comunidad. 19 de enero 2010. Tres jóvenes están en la carretera en La Haya, Holanda, los pulgares arriba y la sonrisa puesta en la cara. Nicola (26, Italia), Raphael (27, Alemania) y yo, Benjamin (25, Francia), tres europeos buscando su destino. Nos habíamos encontrado en la Universidad de La Haya y juntos habíamos empezado una asociación civil para promover soluciones ecológicas y convivencia intercultural. Y un día nació la idea de hacer un viaje para ir a México. Raphael y yo ya habíamos ido y Nicola lo quería conocer, y para no incrementar nuestra huella ecológica demasiado pensamos que era mejor no tomar avión y cruzar el charco con un barco. De repente pensamos que podríamos intentar viajar de la forma más sustentable posible: sin usar dinero, sin consumir, sin tomar agua embotellada, etc.
Nos fuimos entonces al final de enero con tres mochilas solares y un panel solar para no usar electricidad externa y cosechar la fuerza del sol, un filtro de agua, un poco de ropa y ¡una actitud positiva! La idea era solo movernos en ride —fueran en coches, camiones o barcos—, reciclar la comida en los restaurantes, mercados y dormir donde se pudiera Los primeros días eran difíciles por el frio, pero pronto llegamos al sur de España, luego cruzamos hacia Marruecos en un ferry con los choferes de tráileres y viajamos 5 semanas en Marruecos. Los marroquíes fueron de lo más amables que se puede imaginar, con tanta fe en Allah todos se aplicaban en ayudarnos, dándonos de comer y un techo para dormir en cualquier lugar que nos encontráramos. Esa experiencia nos abrió el corazón y empezamos a entender que viajar sin dinero abre puertas desconocidas y que es una de la mejores formas para descubrir una cultura del hecho que necesitas a la gente: tienes que estar en contacto con ella todo el tiempo, tienes que aprender de ella. Luego encontramos un chavo de Bélgica con su velero que aceptó llevarnos hasta las Islas Canarias, en España. El Puerto de Las Palmas en la isla principal es conocido por ser el último lugar de visita para los veleros que quieren cruzar el charco. Después de dos meses de esperanza encontramos finalmente dos italianos que aceptaron llevarnos hasta Cabo Verde y luego a Brasil. Durante la cruzada, teniendo tanto tiempo para pensar, Raphael y yo decidimos dejar el dinero por siempre. De repente entendimos que el dinero era una creación virtual y que sin ello se descubre un mundo más generoso, más amigable, más justo. Llegando al norte de Brasil, Nicola, que no estaba tan de acuerdo con la idea de dejar el dinero, regresó a Europa y seguimos los dos hasta Guyana, donde Nieves(25, España), la novia de Raphael, se unió al viaje. De allá pasamos por Venezuela y Colombia, donde Camille(23, Francia), mi ex-novia, se unió también al viaje. Los cuatro cruzamos con otro velero para llegar a Panamá y subimos todo Centro América para llegar a México para la COP 16, que tendría lugar en Cancún. Fueron como 30,000 kilómetros hechos en puro ride, sin usar dinero para nada (con la excepción de 4 veces en fronteras), durmiendo en todo tipo de lugar imaginable, viendo paisajes increíbles y descubriendo las culturas de un forma muy peculiar. Ese viaje nos permitió ver que la mayoría de la gente es buena y quiere ayudar, que todos buscamos las mismas cosas: felicidad, amor, paz, y que nada es imposible si realmente lo quieres. Vivir sin dinero nos abrió la mente, el corazón y los ojos. Entendimos el valor (y la dificultad) de recibir y cuán necesario es aprender a recibir para poder dar con gratitud sin esperar nada en retorno. Vimos que lo único que el mundo necesita es amor y compasión, empatía hacia los demás y comprensión. Escuchamos muchas historias y vimos que mucha gente sueña con un mundo sin dinero, solo que con sus familias y situaciones no se lo pueden permitir. Con eso nos convencimos de que lo que hacíamos era algo valioso, que podía inspirar a la gente y más que todo permitir a muchos cuestionarse, reflexionar sobre el dinero, el sistema. Cuestionarse es una parte importante de nuestra filosofía. Dejamos el dinero por eso. Cuestionándonos, preguntándonos porque usábamos dinero. Nuestra respuesta fue que la Tierra, la Naturaleza, el Sol, nos regalan sus frutos sin esperar nada a cambio. Todo nos fue regalado y lo injusto es acaparar recursos y venderlos como si fueran nuestros. Entendimos la injusticia inherente del dinero, el hecho de que en vez de compartir todo lo que hay en esta tierra (y hay suficiente para todos) lo vendemos con mucha avaricia. Es como un boicot: hemos dejado el dinero para nuestra propia felicidad, para seguir con nuestra armonía personal, congruencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Pero también vivir sin dinero es una manera de decir al sistema que no necesitamos eso, que hay otro camino. Y eso es algo que queremos compartir con el mundo: hay otro camino. Somos libres de cambiar si lo queremos. Intentamos cuestionar todo, incluso usar o no el dinero. Cuestionamos cómo comemos —siendo veganos— para más paz con los seres vivos, menos contaminación y más salud. Cuestionamos la idea de tomar alcohol, drogas, etc. Si vivimos sin dinero es porque creemos en el hecho de que si todos empezamos a compartir lo que tenemos, escuchando nuestras necesidades básicas, nadie se va a quedar sin comida o sin techo. Vivimos sin dinero porque dar y recibir sin intercambio es lo que hacemos todos naturalmente con nuestra familia —y en esta tierra somos todos hermanos. Vivimos sin dinero para romper con los esquemas, romper con esa cultura inculcada por el sistema, crear nuestra propia cultura, construir nuestra propia cultura basándonos en valores humanos como el compartir, el amor. Según nuestro punto de vista, el dinero es una barrera, nos impide liberarnos, tener dinero es tener seguridad, en otras palabras, no aceptar la realidad, no aceptar la ley de la naturaleza, tener miedo de lo que viene en vez de disfrutar del momento presente. No decimos que es la solución o que todos deberíamos vivir así. Es un experimento, un camino, y esperamos que la gente se pueda inspirar en ello para buscar su propio camino. Después de la COP 16, Nieves se embarazó y con Raphael regresaron a Europa, a Berlín, de ride, (¡hasta consiguieron un ride en avión!). Camille regresó también para estudiar y yo me quedé en México. Participé en varios proyectos en el Distrito Federal durante el 2011 y acabo de regresar de un viajecito en Estados Unidos de 3 meses donde viajé con dos mexicanas, Marissa (24) y Yazmín (26). Marissa está haciendo un documental sobre este viaje. Se puede ver el tráiler en su página web. Otra vez pudimos confirmar que la gente es buena y que un cambio está por venir, mucha gente se está levantando en los Estados Unidos para crear una cultura alterna. Visitamos a los movimientos Occupy y a Suelo, un hombre que vive sin dinero desde más de 10 años, en cuya cueva nos quedamos. De regreso en México estoy buscando un barco para regresar a Europa y unirme de nuevo con Raphael, Nieves, Camille y Alma Lucia, nuestro nuevo angelito, para buscar un terreno y crear una comunidad sin dinero. Para más información: es.forwardtherevolution.net El tráiler: http://vimeo.com/34648798